Construiré un submarino que llegará a Marte. Por mis cojones. (Doctor Gominolo)

En 1932 inició su andadura la empresa Mecanizados Viuda de Antolín, en Valdepeñas (Ciudad Real), que se dedicaba exclusivamente a fabricar hebillas para cencerros, lo cual le proporcionó desde sus comienzos una cartera de clientes muy amplia, dada la cantidad de cabestros que hay en España, y también debido a las excelentes dotes comerciales de la Viuda de Antolín, especialista en técnicas de marketing. Ello le permitió ir aumentando paulatinamente la producción y adquirir maquinaria moderna y de gran calidad, hasta el punto de que fue la primera empresa española en conseguir la Certificación de Calidad ISO 9002, que como es sabido, no sirve para nada, aunque el certificado es realmente bonito y con un marco adecuado, queda estupendamente en cualquier pared. También estuvieron a punto de solicitar la Certificación Aenor como Empresa Sostenible, pero prefirieron no tirar más dinero en tonterías.

A medida que las ventas se consolidaban, la viuda de Antolín se mostraba cada vez más partidaria de diversificar la producción e introducirse en sectores más tecnológicos, que aportasen mayor prestigio a su sociedad. En 1940 viajó a la Feria del Metal de Londres, y conoció a uno de los hombres de confianza de Wiston Churchill, el Almirante Lewis Ceporro, que presumía de ser un lince para los negocios y encargó a la viuda de Antolín (Doña Mercedes Rebollo) la fabricación de cuatro submarinos que serían destinados a misiones de guerra en el Atlántico. Según el Almirante Ceporro, “he adjudicado el pedido a Doña Mercedes porque tiene pinta de saber hacer submarinos, y eso es lo que yo estoy buscando, mayormente”, lo cual indica que era un hombre que tomaba las decisiones tras un proceso de reflexión concienzudo. Cabe señalar que cuando Doña Mercedes comentó el nuevo proyecto con los directivos de su empresa, se encontró con la oposición frontal de todos ellos, a los que parecía totalmente descabellado fabricar submarinos en Valdepeñas, localidad situada a trescientos kilómetros de la costa. Sin embargo ella respondió con determinación: “me importa tres cojones, ya estamos buscando problemas antes de empezar”, y zanjó eficazmente la discusión.

De este modo, el 11 de junio de 1940 nace la empresa Submarinos Viuda de Antolín (SVA) y adquiere una enorme nave industrial en Valdepeñas, en la que inicialmente estaba previsto alojar los departamentos de Diseño, Soldadura, Montaje y Calidad, aunque como les sobraba sitio porque quitaron muy pronto a los de Calidad, añadieron unos corrales para guardar cochinos y un bar en el que no servían alcohol a los que entraban borrachos. Responsabilidad social se llama eso.

Los inicios estuvieron presididos por el optimismo y la alegría, sobre todo para el Almirante Ceporro cuando visitaba a Doña Mercedes y volvía encantado a Inglaterra sin haber visto la fábrica ni nada, pero en agosto de 1942 comenzaron a aflorar ciertos detalles de mal funcionamiento que enturbiaron el ambiente en la plantilla. Por ejemplo, el primer y único prototipo tenía la hélice dentro del submarino, por un fallo de diseño, y cuando se ponía en marcha, lo único que hacía era una ventolera de mil pares de cojones dentro del artefacto, que solo servía para secar la ropa y poco más.

Por otra parte, el periscopio no salía hacia arriba, sino hacia abajo, ya que el tío que lo instaló tenía el plano puesto del revés y la lió parda. “Tampoco hay que hacer un drama de esta chorrada”, se justificó sin inmutarse el animal. Este y otros problemas fueron causando retrasos en la producción, y generando preocupación creciente en los directivos. En agosto de 1943, el Ingeniero Jefe escribió una carta a la Viuda de Antolín en la que se presagiaba lo peor, y que por su interés histórico reproducimos:

Estimada Doña Mercedes:

Celebraré que al recibo de la presente se halle usted disfrutando de sus merecidas vacaciones en esa bonita playa de La Concha. No quisiera darle motivos de preocupación, pero aquí las cosas no van bien del todo, por no decir que esto tiene muy mala pinta. Los retrasos se acumulan, y no veo el momento en que podamos probar el primer prototipo. Para empezar, nos está fallando el delineante, que es un tuercebotas y está reñido con el Sistema Métrico Decimal. Si le preguntas cuánto es dos más dos, te contesta que él no admite preguntas a bocajarro. Este tío sabe de dibujar lo mismo que de calibrar microscopios, o menos. Ayer le dije que hiciera una tangente y me preguntó si la quería con cebolla, el animal. Le salva que pone buena voluntad y es primo suyo, que si no…

Otro tema: están apareciendo defectos de soldadura en las chapas exteriores del casco, o quizá debería decir que el casco tiene unos ciento setenta agujeros, y eso que solo hemos contado los más grandes, por no alarmar. Le he pedido explicaciones al encargado de los soldadores, y me ha dicho que no sea tan pelma, que él sabe lo que hace y “el agua no tiene tanto conocimiento como para ir metiéndose intencionadamente por los bujeros, ya que el Principio de Arquímedes lo prohíbe expresamente”. No sé, un submarino con agujeros me parece poco práctico, no termino de verlo claro. A ver si se va a hundir…

Continúo, estamos teniendo problemas para ubicar el motor en la sala de máquinas, porque en la fase de diseño se nos olvidó reservarle un sitio, ya que no caímos en la cuenta. Son detalles de acabado, que a veces se te escapan y te pueden complicar la vida. De todas formas esto no me preocupa demasiado, porque si quitamos el depósito de combustible y los radiadores de refrigeración, habrá espacio para el motor y el problema quedará solucionado. Gracias a nuestra capacidad para improvisar podremos resolver bien este incidente. Ojalá todo fuera así de fácil.

Para terminar, me preocupa mucho lo relativo a la instalación eléctrica del submarino, porque el Jefe de Proyecto, Don José Montero, se la ha encargado a Persianas Montero, y no acabo de entender qué tienen que ver las persianas con la electricidad. Además, el tal Montero es un animal irracional, por decirlo de forma elegante, y cada vez que conecta algo provoca un cortocircuito. Se lo he recriminado varias veces, y siempre se justifica quitándole importancia a sus errores argumentando que “hay fusibles de sobra, se cambian y a correr”.

En definitiva, veo que las cosas no avanzan según lo previsto, y como soy bastante intuitivo, creo que esto va a a terminar mal, es un presentimiento. Espero verla pronto para tener una reunión con los responsables de los departamentos, a fin de tomar las medidas oportunas para reconducir el proyecto.

Dios guarde a Usted muchos años.

Atentamente,

Antonio Carracas. Ingeniero Jefe.”

Carta preocupante, sin duda. A pesar de los intentos, las cosas fueron a peor durante los meses siguientes, hasta que en febrero de 1945 el Alto Mando de la Marina Británica tomó la decisión de rescindir el contrato y anular el pedido, lo cual no molestó apenas a la Viuda de Antolín, que declaró a los medios: “Me da igual, yo ya he trincao, y además estos cabrones no dan más que problemas.” Doña Mercedes celebró una última reunión con su equipo para analizar las causas del fracaso, reunión que no sirvió para gran cosa, pues solo se oyeron excusas como estas: “Nos ha fallao el know-how”, “esto es muy difícil sin el Autocad”, “el delineante es gilipollas”, “putos submarinos, si es que les entra agua a la mínima”, etc. Unos días después, Submarinos Viuda de Antolín cerró definitivamente sus puertas sin haber fabricado un solo submarino en cinco años de existencia, lo cual es un logro no alcanzado nunca por ningún fabricante de submarinos en todo el mundo. Al César lo que es del César.

Mecanizados Viuda de Antolín continuó fabricando hebillas para cencerros durante varias décadas con notable éxito, sin aventurarse en otros temas. En 2010 llegó a la Presidencia de la empresa Don Anacleto Gominolo Carrascosa, bisnieto de la Viuda de Antolín, conocido como Doctor Gominolo, pues era Doctor en Física Cuántica. El Doctor Gominolo había crecido escuchando la historia fallida del submarino, que él consideraba muy humillante para su familia, algo que no podía quedar así. Desde pequeño tenía la ilusión de lograr lo que no habían podido conseguir sus antepasados, aunque casi nadie le tomaba en serio cada vez que comentaba sus deseos de lo que él llamaba “ajustar cuentas con la Historia”. El 16 de abril de 2014, en la reunión mensual del Consejo de Administración, el Doctor Gominolo se dirigió a los demás demás directivos con estas palabras: “Señores, tenemos una empresa rentable y consolidada, pero debo decir que las hebillas para cencerros ya no me llenan, quizá porque conozco perfectamente su mecanismo y siento que puedo estancarme si no emprendo otro reto. Es hora de dar el salto tecnológico definitivo, haciendo algo totalmente innovador.” Durante unos instantes, se hizo el silencio, y el Doctor Gominolo pronunció su frase más celebre: “Construiré un submarino que llegará a Marte. Por mis cojones.”

La idea les pareció una locura a todos los presentes y trataron de quitársela de la cabeza al Doctor Gominolo, pero fue imposible. El Ingeniero Jefe, que era un lince, dijo que los submarinos no vuelan y por tanto no pueden ir a Marte, a lo que el Doctor Gominolo respondió: “eso es porque los tiran al agua, no te jode”. Tras varios minutos de apasionado cambio de pareceres, insultos y algún que otro puñetazo sin mala fe, el Doctor Gominolo pidió silencio y se dirigió a sus compañeros con estas palabras: “Señores, valoro profundamente sus razonamientos, y desde el gran respeto que me producen, les digo que si no están de acuerdo conmigo, por favor, se van a tomar por culo. El que quiera conservar su puesto, que me siga.” Todos los directivos se pusieron en pie y aplaudieron al Doctor Gominolo en un ambiente de gran euforia, entre gritos de “Gominolo, Gominolo” y “Presidente, Presidente”.

A partir de ahí, el 24 de mayo de 2014 se reanudó la trayectoria de Submarinos Viuda de Antolín (SVA) y el Doctor Gominolo empezó a formar un equipo de directivos y técnicos, con el objetivo de fabricar el submarino Baldomero Castañares VP1, para llegar a Marte en unos pocos años. No obstante, el Dr. Gominolo sentía que no podía dedicar su vida sólo a la ciencia, necesitaba algo más para sentirse plenamente realizado. Afortunadamente, como dice el refrán, Dios escribe derecho con renglones servoasistidos, y en verano de 2015, el Dr. Gominolo recibió la llamada de Melgibson, Presidente de Operaciones de la Fundación Calzoncillos sin Fronteras, que le ofreció el puesto de Director General y le habló de la necesidad imperiosa de luchar contra la Cencerrosis Escrotal Conmutativa. El Dr. Gominolo, que desde niño había estado muy ligado al mundo del cabestro y continuaba fabricando hebillas para cencerros, aceptó encantado el ofrecimiento y se incorporó a la Fundación, llevando consigo a varios de sus colaboradores de confianza. Comenzaba el Proyecto Ponle Freno de Mano a la Cencerrosis Escrotal Conmutativa, la aventura más ambiciosa que jamás emprendió el ser humano.

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